Motivaciones en el desarrollo estudiantil y social

Diálogo Generacional

Motivaciones en el desarrollo estudiantil y social

Animados por un 2011 lleno de movimientos sociales quisimos investigar qué diferencia y qué une a nuestra juventud y a los jóvenes de la generación anterior. Realizamos investigaciones cualitativas a ocho ejecutivos del mundo empresarial y catorce adolescentes para estudiar en profundidad sobre  sociedad, marchas estudiantiles, uso de redes sociales y tecnología. De esa investigación comparativa surgieron conclusiones que dieron origen a tres artículos. Este es el primero y enfrenta ambas visiones sobre las aspiraciones de vida y las oportunidades que tuvieron a mano para concretarlas.

Para entender este análisis, primero es necesario saber que estamos en presencia de la generación “Multitask”, sucesora de las generaciones “X”, “Y” y “Z”. Su mayor distintivo es que la componen los nativos digitales, jóvenes adolescentes que nacieron posterior a la década de los ‘90. Esta capacidad “multitasking” (multi-tarea) se traduce en la habilidad para desarrollar más de una tarea al mismo tiempo y sus miembros se caracterizan por satisfacer varias necesidades sociales, cognitivas e informativas mediante la web. Se ha dicho incluso que esta masificación de productos ofertados y relaciones online puede producir individuos adictos a las compras y ajenos al contacto presencial. Según Don Tapscott, consultor canadiense que es un referente en tecnología y autor del libro “Grown Up Digital”, los jóvenes de hoy tienen valores, que si bien se han formado de distintas formas que en sus padres, han originado personas más conscientes del mundo que los rodea. Tal vez sea por este masivo acceso a la web que los niños y adolescentes crecen enterándose de distintas realidades que terminan sensibilizándolos. Según Tapscott –Presidente de Estrategia de Negocios de un think tank llamado nGenera Insight- basta con ver qué quieren hacer cuando se gradúen. “De las 10 organizaciones en que quieren trabajar, cinco pertenecen al gobierno o son sin fines de lucro. Cuando yo era un niño, todo el mundo quería trabajar en IBM”. Como lo define el autor, esta es una generación con un fuerte sentido de integridad y, como veremos, en nuestra juventud chilena también existe este cambio en los objetivos de vida. Independiente del desarrollo de los países, el fenómeno multitasking se trata de una estructura de pensamiento propiciada por la globalización y que trasciende barreras fronterizas.

Recambio motivacional entre generaciones

Las diferencias saltan a la vista sin mayor esfuerzo. Estamos frente a un grupo de jóvenes con drivers muy distintos a la generación de sus padres. Las cosas han cambiado y mucho. Antes las directrices para escoger una carrera profesional eran aptitudes y el querer alcanzar un cierto éxito profesional. Hasta los desafíos personales corrían como parte del estímulo. Eso por lo menos fue lo que condujo a Carmen Casassus (socia de Amrop) a estudiar Filosofía. “Mi fuerte siempre habían sido las matemáticas pero decidí estudiar Filosofía para demostrarme a mí misma que podía. El estudio de estos asuntos me parecía mucho más difícil que los cálculos y no me la podía ganar”, asegura la consultora.
Otro ejemplo es el de Julio Solar (Gerente Gral. de Cementos BSA). Siempre quiso estudiar Ingeniería Civil y su meta era muy clara: dirigir una empresa y llegar a la gerencia general. Hoy, adicionalmente es socio de Cementos BSA.
Otros, a pulso, se trazaron su camino al margen de su formación universitaria. Carlos Olivos (Gerente de Logística de Hertz) estudió Derecho y nunca ejerció. Siempre se dedicó a los negocios y si bien su profesión le entregó metodologías útiles, el mundo de los negocios le fue más cómodo.
Para Paulina Agüero (Gerente Comercial de Colo-Colo) la elección fue más bien intuitiva. Nunca tuvo claro qué quería hacer y decidir eso a los 17 años hoy le parece una determinación de gran envergadura. “En la prueba me fue bien, vi para qué me alcanzaba, me acordé que era buena para las matemáticas y entré a Ingeniería Comercial. Me hubiera gustado estudiar algo relacionado con las artes, pero creo que no tuve el coraje. Con el tiempo, he encontrado una forma en que mi parte estructurada y mi faceta creativa conviven muy bien”, cuenta.
Así, independiente de de la carrera que siguieran a todos los movía la superación personal, la estabilidad y el progreso. Ahora, las cosas para quienes comienzan este camino que los ejecutivos ya recorrieron en buena medida, son diferentes. Nuestros jóvenes, más idealistas, buscan alcanzar la realización a través de sus futuros trabajos. Y si bien el factor dinero y el logro profesional están muy presentes, no son los principales gatilladores de la decisión. A muchos de ellos los mueve la satisfacción personal y el poder ayudar al resto.
Javiera Barrientos (16), alumna del Saint George quiere estudiar Medicina. Creció jugando al doctor cuando iba al pediatra y hoy sueña con acompañar a su papá en el proyecto que él está emprendiendo. “Mi papá es gastroenterólogo y está formando un hospital para atender con buenos especialistas y costos bajos a personas de escasos recursos. Cuando me titule, quiero trabajar con él”.
Valentina Romero (16) es compañera de Javiera y tiene varias opciones. Aún no se decide entre Derecho o Sociología. Lo que más le gusta es Sociología, pero sabe que ser abogado le daría un mejor sustento económico. De todas formas, su norte son las causas sociales. “Lo que me gusta de estas carreras es que al menos indirectamente, son una especie de ayuda social. Si estudiara derecho, mi trabajo soñado sería trabajar por la igualdad, por ejemplo ayudando a gente de África a través de instituciones como la ONU”.
Otro joven que comparte estas motivaciones es Pablo Urizar (17), quien rinde exámenes libres ligado al Complejo Larraín de La Reina. Luego de pasar por varios colegios y, estando en terapia sicológica, decidió seguir el mismo camino. “Desde chico siempre fui el amigo consejero. Esto es una vocación. Pasé por un proceso personal en el que me costó encontrar un sicólogo que se pusiera en mi lugar y me entendiera. Quiero estudiar sicología, especializarme en musicoterapia y atender a adolescentes. Por muy hippie que suene, quiero hacer esto por amor a la gente. Por ayudar a alguien que no puede ver la luz”.
Tal como en la juventud estadounidense que describe Don Tapscott, esta generación tiene un chip distinto, donde el dinero no encabeza la lista de prioridades. “Ellos quieren aprender, hacer cosas interesantes y conocer gente interesante, quieren hacer cosas significativas y también divertirse”, comenta el consultor.
Como mencionamos antes, en estas décadas que distancian las adolescencias de ambas generaciones han pasado muchas cosas. Los ahora ejecutivos, cuando tenían 17 años y se enfrentaban a la universidad, tenían menos opciones para desarrollarse en la sociedad. La obtención de un título profesional “nobiliario” se reducía a un puñado de carreras ofrecidas en pocas universidades tradicionales. Las privadas recién empezaban a formarse y no eran una alternativa masiva y asequible como hoy. Ahora, casi 30 años más tarde, los puntos de partida son distintos. Esta generación joven tiene más caminos a disposición. Tal como lo plantea la teoría de las motivaciones de Maslow, en la medida en que las necesidades más básicas se satisfacen, las personas desarrollan otras más elevadas. Esto tiene relación con el progreso que ha experimentado Chile en este último período. Sabemos que el ingreso per cápita ha aumentado en un 150% desde 1985. Con eso, las necesidades de seguridad de recursos, de empleo y de posesiones ya han sido cubiertas por los padres, de ahí que las prioridades de los jóvenes sean otras y se hayan desplazado hacia las ansias de reconocimiento, satisfacción y autorrealización.

Todo un mundo de oportunidades

A diferencia de nuestros ejecutivos en su época, hoy muchos jóvenes piensan en darse un año sabático o viajar un periodo antes de ponerse a trabajar. Para varios, incluso la posibilidad de estudiar fuera del país es real y tangible. Muy distintas a las aspiraciones de los estudiantes chilenos en la década de los ’80.
Además de eso, el grupo multitask, se ha posicionado en un escalafón que otras generaciones adolescentes nunca tuvieron: conforman un mercado que mueve más de 900 mil millones de dólares anuales a nivel mundial y a diferencia de sus antecesores, tienen una gran capacidad de crear tendencias, decidir sobre el consumo e influenciar la cultura.
La realidad de la generación anterior (la “X”) distaba mucho de esta posición. No eran un actor social con mucho poder comercial y para surgir tenían una dirección y no podían detenerse mucho en el camino.  En cambio, los actuales jóvenes no tienen el apremio por decidir su futuro y cuando eligen, lo hacen en base a su satisfacción personal.
Cristián Montes (CEO de Grupo Madeco) se considera afortunado porque en su época viajó al extranjero y vio que las cosas eran muy diferentes que en Chile. Según cuenta, acá el ambiente era muy cerrado. Cuando niño, fue a un colegio bilingüe y ni sabía por qué estudiaban inglés. Todo era en español, incluso la televisión. Ni pensar en un par de zapatillas nuevas a menos que se rompieran las que tenía. Se trataba de un país convulsionado por problemas políticos y poco acceso a bienes materiales.
Paulina Agüero recuerda ese tiempo entre marchas. “Si yo miro hacia atrás, para mí, los grandes hitos tienen que ver con manifestarse, ir a la protesta, decir que se estaba en desacuerdo”. Participó, estaba en el centro de alumnos de la universidad y eso la marcó. “Esa etapa tiene un poco de irresponsabilidad, irreverencia y creo que nosotros nos saltamos un poco de juventud”, explica.
Para Julio Solar, estas batallas y lucha de ideales constituyeron una sociedad que, a diferencia de los jóvenes actuales, valora lo que consiguió posteriormente. “A muchos adolescentes de hoy no les ha faltado nada. En mi época había escasez. Creo que ellos aprecian poco las cosas, porque les cuesta poco obtenerlas”.
Y con él coincide Italo Ozzano (Gerente Comercial de Gerdau Aza), que se sentía afortunado por tener auto cuando era estudiante. Sus aspiraciones calzaban con las típicas de sus contemporáneos. “Cuando yo era universitario, nosotros soñábamos con entrar a trabajar en IBM, Coca-Cola, alguna empresa top. Ahora veo a esta generación más enfocada en ser emprendedores, en tener su propio negocio”. Y claro, el camino ya lo avanzaron bastante sus padres, ya hay muchas necesidades que se han convertido en higiénicas. Hay otras conquistas por emprender.
Los ejecutivos concuerdan en que vivieron una época restringida y desprotegida que los adolescentes de hoy desconocen. Su visión general es que los jóvenes lo tienen todo. Tienen un horizonte más amplio, y eso es malo porque “esperan que todo se lo den”.
La actual es una juventud claramente privilegiada. Según el estudio “Teens 2010: Cómo son los estudiantes de hoy y cómo evolucionarán sus hábitos de consumo” de la Fundación Creafutur (España), el segmento actual de jóvenes es el que más tiempo ha podido destinar al ocio en la historia del mundo. Hoy esto parece muy natural, pero hasta los años ’40, distintos fenómenos sociales y políticos provocaron que los teens tuvieran como prioridad el cubrir necesidades básicas de alimentación y supervivencia. El ocio no era relevante. Recién en los años 50’ y ’60 con el fin de las guerras, aparece el “teen emergente” y descubre este consumo. A partir de entonces, los jóvenes de cada tiempo comienzan a aumentar su tiempo destinado a la diversión hasta llegar a lo que es hoy: un grupo que toma (e influencia) decisiones de compra y donde la tecnología toma un protagonismo inédito como agente de entretención.
Hoy, la vida es distinta, los jóvenes son diferentes. Antes, muchos de ellos compatibilizaban estudio y trabajo y se ingresaba a la “vida adulta” con mayor rapidez. En la actualidad, nuestros jóvenes viven un retraso en adquirir responsabilidades, hay otras prioridades y muchos cuentan con más opciones porque tienen el respaldo financiero de la familia. Estamos frente a una evolución de la relación entre el adolescente y el trabajo, el estudio y la forma de administrar sus tiempos. La generación que veía al empleo como un medio de éxito, desarrollo y validación social dará paso a adultos que percibirán en la profesión el mecanismo para su realización personal. Esto porque, además del colchón financiero del núcleo familiar, tenemos ante nosotros a una generación de jóvenes socialmente más maduros que los de ayer. El idealismo  sigue invariablemente como rasgo típico de esta etapa. La diferencia está en que en vez de culpar al sistema y esperar que las soluciones vengan de más arriba, estos estudiantes sí asumen  un aporte concreto por medio de sus futuras carreras profesionales. Sienten que pueden colaborar personalmente con la apertura de accesos y posibilidades que todos los jóvenes siempre han soñado.